Durante décadas, "datalogger" significó lo mismo en la práctica: un dispositivo que registraba medidas en su memoria interna, a la espera de que alguien se desplazara hasta él, lo conectara a un ordenador y descargara los datos manualmente. Eso ha cambiado. Hoy, cuando se habla de un datalogger en un contexto industrial, casi siempre se habla de un datalogger IoT — uno que, además de registrar, transmite.
¿Qué es exactamente un datalogger?
Un datalogger (o registrador de datos) es un dispositivo electrónico que combina tres elementos: unos sensores que convierten una magnitud física (caudal, nivel, presión, temperatura...) en una señal eléctrica, una unidad de procesamiento que gestiona cuándo y cómo se toma cada medida, y una memoria donde esos datos quedan almacenados. Es, en esencia, la manera de convertir lo que ocurre en el mundo físico en datos que se pueden analizar.
La diferencia entre un datalogger tradicional y uno IoT
Un datalogger tradicional solo almacena: los datos se quedan en su memoria hasta que alguien va físicamente a recogerlos. Esto obliga a visitas periódicas a cada punto de medición — viable si hay pocos puntos y son accesibles, inasumible si hay decenas de ellos repartidos por una red extensa o en lugares de difícil acceso.
Un datalogger IoT añade comunicaciones: además de registrar, envía los datos a una plataforma en la nube de forma automática, sin intervención humana. Esto permite ver los datos en tiempo (casi) real desde cualquier lugar, recibir alarmas automáticas cuando algo se sale de rango, y gestionar decenas o cientos de dispositivos desde un único sitio, en lugar de desplazarse a cada uno de ellos.
¿Para qué se usa un datalogger IoT?
Cualquier sector que necesite medir algo de forma remota y continuada puede beneficiarse de un datalogger IoT. Algunos de los usos más habituales:
- Redes de agua: control de caudal, presión y nivel en redes de abastecimiento, saneamiento, riego o mareógrafos.
- Sanidad: control de temperatura en cadena de frío de vacunas y medicamentos, o monitorización de Legionela en redes de agua caliente sanitaria.
- Agricultura: humedad del suelo y riego adaptado a la necesidad real del cultivo.
- Medio ambiente e industria: monitorización de instalaciones remotas, sin cobertura eléctrica ni de red, durante meses o años.
Tipos de conectividad: cómo "habla" un datalogger IoT
No todos los emplazamientos tienen las mismas condiciones, así que no existe una única forma correcta de comunicar un datalogger. Las opciones más habituales:
- NB-IoT: usa la red móvil existente (con SIM de datos), fácil de desplegar donde hay cobertura celular.
- LoRa / LoRaWAN: red propia de largo alcance y bajísimo consumo, ideal donde no hay cobertura móvil.
- Satélite (NB-IoT-NTN): para emplazamientos sin ningún tipo de cobertura terrestre — zonas despobladas, forestales, costeras o remotas.
- WiFi: cuando ya existe red WiFi en el propio emplazamiento, para instalaciones más sencillas.
La mayoría de dataloggers del mercado obligan a elegir una de estas opciones en el momento de comprar el equipo. Esa elección no siempre es fácil de prever de antemano, sobre todo en proyectos con múltiples puntos de instalación y condiciones de cobertura distintas entre sí.
Autonomía: dataloggers a pilas
Cuando no hay red eléctrica en el punto de instalación — algo muy habitual en monitorización remota — la autonomía de las pilas se convierte en un factor clave. Aquí también hay margen de elección: baterías recargables (con la opción de un panel solar para recarga continua) para instalaciones donde se prioriza no generar residuos, o baterías no recargables de alta densidad energética (como las de química LiSOCl2) para maximizar los años de funcionamiento sin visitas de mantenimiento.

IsurLog, el datalogger IIoT de Isurki, se diseñó precisamente para no obligar a elegir de antemano: soporta NB-IoT, LoRa, satélite (NB-IoT-NTN) y WiFi en el mismo dispositivo, con autonomía configurable de hasta 4 años según el tipo de pila utilizado. Puedes ver todas sus características en la página de IsurLog.